Gracias Otto, como ya te dije una vez, no sabes cuanto amor me llevo...
Escuchando BSO de Nueve Almas

Hay momentos en los que no sabes bien por qué pero sonríes. Puede que el día haya sido horrible, puede que la presión del trabajo te robe hasta ese café que te tomas a media mañana, puede que alguien de los tuyos esté pasando por una mala época….pero de repente, pasa algo, y te hace dibujar una gran sonrisa en tus labios. A mi me está pasando eso. Han sido muchos cambios en poco tiempo. ¿Y quién establece cuanto es el tiempo que tiene que pasar entre suceso y suceso para considerarlo poco, mucho o el suficiente? La cuestión es que sonrío y no tengo muchas ganas de plantearme preguntas. Me doy cuenta de que cuanto menos pienso más feliz soy. Me doy cuenta de que todo en esta vida es cuestión de actitud, por lo tanto si somos positivos seremos más felices. No creo que en estos momentos pudiera estar más a gusto en otro lugar, aquí me siento llena de energía. Me siento asquerosamente feliz en este pedacito de mundo que habitan mis pies, en esta casa, en este barrio, con la gente que tengo cerquita, con la gente que aunque tenga lejos siguen estando. Me siento asquerosamente feliz comprobando que cada mañana en el trabajo lucho contra el mundo y aún así empiezo a estar más motivada que nunca. Me siento asquerosamente feliz cuando encuentro lo positivo de todo lo que me pasa (aunque sean cosas tristes, negativas, incluso de las que escuezan). Me siento asquerosamente feliz cuando abro un email y mientras lo voy leyendo voy esbozando una gran sonrisa. Me sentí asquerosamente feliz anoche mientras veía los últimos capítulos de Sexo en Nueva York. Me siento asquerosamente feliz de haber empezado la gran limpieza de casa. Me siento asquerosamente feliz de ser como soy, de gritarle al mundo todo lo que llevo dentro. Me siento asquerosamente feliz cuando mis amigos me dicen que he vuelto más auténtica que nunca. Me siento asquerosamente feliz de tener tanto tiempo para mi. Me siento asquerosamente feliz de poder escribir este post tan asqueroso, asquerosamente real.
Escuchando Lobo López (Andrés Calamaro & Kiko Veneno)
Aún así supongo que la idea de limpiar no ha sido del todo mala, tenía que empezar a hacerlo algún día y quizá se estuvieran retrasando demasiado las ganas. Quizá debería haber empezado por el baño antes de hacer un intento por el salón y pasarme a la habitación; la que un día fue nuestra. Y en ella, habían tantos rincones como pelusillas de recuerdos amontonados. He empezado a barrer el suelo, quizá también tuviera ganas de tirar un poco de ti a la basura. Claro que no contaba con los pensamientos que me he ido encontrando por los cajones, demasiados recuerdos inesperados que ni siquiera pensaba que tenía. Un billete de bus de Madrid a una sierra perdida en el cielo ha sido el detonante que ha despertado mi memoria….quizá ya se estaba adormeciendo en los últimos días. He cogido el billete entre las manos y me he quedado analizándolo, cómo si esperase que me hablara o se convirtiera en el genio de la lámpara. Mi mirada se ha quedado fijada en la fecha del billete, - fue en semana santa del año pasado- pensé. He dudado si tirarlo a la bolsa de basura que tenía colgada de la puerta o guardarlo en el mismo bolsillo de la mochila donde lo encontré. No me preguntes por qué, pero lo he vuelto a guardar. Como queriendo no perderlo, a modo de ticket, de ese ticket que ambos tiramos hace ya casi un mes ( lo siento, pero he perdido la cuenta de los días ). He querido guardarlo para enseñártelo, aunque en estos momentos no sepa realmente para qué. He seguido rebuscando entre tantas y tantas cosas, haciendo esa selección que todos hacemos cuando abrimos los cajones de nuestra habitación. Intentar pensar fríamente en la decisión que todos hacemos cuando cogemos una cosa del cajón, la observamos entre nuestras manos y nos preguntamos “¿esto lo tiro o lo guardo?” . He empezado a tirar y tirar…guardar y guardar… y de repente, otra vez, has vuelto a aparecerme por los rincones. He encontrado un par de entradas del teatro Arniches. Para curarme en salud, decido parar de escribir en estos momentos ya que todavía sonrío.
Te esfumas, como si hubieras sido una aparición, un sueño fugaz que me devolvió la fuerza de confiar plenamente en algo sin miedo a perder, sin miedo a nada. Te evaporas traspasando estas paredes que tantos recuerdos dejan pegadas en las esquinas, y se quedan ahí como queriendo no ser barridos por si se pierden en el olvido. El tren ha pasado y todavía me cuesta hacerme a la idea de que esta vez bajé del vagón y continuas el viaje sólo con tu mochila. Y me cuesta mentalizarme de que ya no me abrirán los ojos montañas de pueblecitos perdidos, aguas de nacimiento estancadas ni besos de un agosto frío. Ahora serás tu sólo el que descubra rincones de este mundo teniendo como banda sonora Hotel Lichis. Empiezo a caminar sin tener el rumbo fijado, con el ancla entre las manos con miedo a que caiga al fondo y me cueste más llegar al próximo destino. Vuelvo a sacar la almohada al sofá y a despertarme con la luz que entra por la ventana del salón. Te pierdes sin dejar huella, sin dejar rastro alguno de tu presencia por mi vida. Ya no habrán partidos de tensión ni botellas de agua entre juego y juego. Tu bola de partido entró sin darme a penas cuenta de que el primer set ya lo tenía perdido.
Porque sigues estando lejos, tan lejos que no te siento,
Porque sigues estando lejos, tan lejos que te escurres en el olvido.
Un lugar donde no me acuerde de que existes,